15 diciembre 2010

Cuidadores de ancianos: Profesión para vocacionales y asesinos.


Estos días estamos escuchando en las noticias cómo un celador de una residencia ha sido capaz de matar a sangre fría a 11 ancianos, el ya famoso "asesino de Olot". Este caso no ha sido el único semejante, ya ha sucedido en muchas ocasiones y en distintos lugares del mundo que trabajadores en residencias se sienten Dios y deciden que tienen que “ayudar a finalizar la vida” de aquellos a los que cuidan.

Hoy en contraposición, desde este blog, queremos acordarnos de todas las personas que dan parte de su vida a algo tan duro como es el cuidado de los ancianos, queremos acordarnos de todas esas personas que dedican sus esfuerzos a esa parte de la sociedad que por el hecho de no rendir ya beneficios a la misma, es excluida y olvidada.

Y queremos hacerlo porque sentarse en una oficina ante un ordenador, vender en una tienda de modas, reparar relojes que se estropean, delinear una casa, pilotar un avión… son profesiones muy bonitas que estudiando lo necesario cualquiera se apunta a dedicarse a ellas pero ¿quién se apunta a cambiar pañales, a movilizar personas de más de 100kilos, cambiar vendajes de heridas sangrantes, limpiar apósitos de colostomias, soportar arañazos golpes y mordeduras, dar de comer mediante sonda nasogástrica, atender las necesidades de moribundos… a eso ya se apunta menos gente porque menos gente hay que sean capaces de afrontar ese esfuerzo físico y psicológico, poca gente es capaz de pasar 8 horas continuas día tras día viviendo entre la decrepitud, el ocaso de la vida, oyendo lamentos, gritos, conociendo gente que una noche te hablan y te miran con ojos de agradecimiento y a la mañana siguiente ya no se despiertan.

Miles de personas, afortunadamente, son capaces de hacerlo con una sonrisa en la cara, personas que se esfuerzan por los demás y que saben reconocer en la respuesta del anciano como la mayor de las gratificaciones a su labor. Personas que no saben decir si es mayor el cariño que dan o el que reciben. Mujeres y hombres que sienten aprecio hacia esos ancianos que han sido “aparcados” por la sociedad, por sus familias, en un recinto ajeno a ellos.
Son más que cuidadores, son los ojos de aquellos que ya no ven, los pies de aquellos que ya no andan. Personas que intentan la felicidad en otras no porque sean familiares, ni por beneficio material, ni siquiera porque el oficio les obligue sino por vocación, porque les sale desde dentro de forma involuntaria.


Y para ejemplo, las chicas de la fotografía. Va mi admiración por todas ellas: ¡¡Chicas, brindo por vosotras!!





Publicado por ©Manly
Fotografía ©MFC Todos los Derechos Reservados.

2 comentarios:

lores dijo...

Muy conmovedor.
Enhorabuena a toda esa gente
Mana

El Periódico de El Prat dijo...

Desde luego. Un homenaje supermerecido